sábado, 16 de mayo de 2009

Café italiano

Martes. Las quince dos puntos cincuenta. Es el único momento del día para relajarme entre piedras, números y soles inquietos. El tiempo parece haberse detenido este instante. La paz. Somnolencia querida. Languidez deseada. El sol se esconde tras una nube dispersa haciendo que la temperatura sea la idónea para el dulce aletargamiento. Cierro los ojos unos instantes para sentir el aroma del cappuccino. Le doy un sorbo y la espuma me cosquillea los labios. El mejor que he probado, sin duda.

Abro la libreta y hojeo las páginas hasta dar con una en blanco. Saco el boli y las palabras fluyen por el papel. Definitivamente Italia es inspiradora. Aún más su café.

lunes, 27 de abril de 2009

A una gota

Ella

Asustada

Llora, grita

Corre, decidida

Busca alguien

Algo

¡GRITA!

Que frene

Su caída

Desespera

Conoce

Su destino

Se entrelazan dos cuerpos

Se precipitan hacia el desenlace

La derrota

es

f

i

n

a

l


sábado, 11 de abril de 2009

... Y comieron alitas de pollo

Y la princesa descubrió que el príncipe roncaba, que lo hacía con los calcetines puestos y que era incapaz de bajar la tapa del baño. Tuvieron tres hijos: uno se hizo un importante camello, otro pasa las noches ahogando sus penas en un vaso de vino y la más pequeña vende su cuerpo por un poco de cariño. Su madre inició una campaña de liberación de la mujer también en los cuentos de hadas a la vez que luchaba contra su trastorno obsesivo-compulsivo cuando su marido, el príncipe azul, arriesgó su castillo y su níveo corcel en un conocido casino.

sábado, 28 de febrero de 2009

Haikuish

Tear up the tic tac
Tainted sound
Of the tearing rush

sábado, 31 de enero de 2009

El peor te odio

El aroma de un café largo y con dos sobrecillos de azúcar se expandía por todo el salón color vainilla. El silencio reinaba en aquella estancia señorial, sólo el ruido del tic-tac del reloj de pared lo interrumpía cada segundo, provocando una situación incómoda a la par que una tensión desagradablemente continua entre ambos.


- Y… ¿te dolió?


En su cara se dibujo una mueca de terror. Aparto los ojos rápidamente hacia la mesilla de noche. Noté un nerviosismo incipiente en su rostro y sentí estar ante una niña arrepentida de haber roto el jarrón favorito de su madre. Se le escapó un gemido seco que rompió el silencio dominante. Cogió un poco de aire y lentamente lo expulsó.


- No se trata de dolor. Estaba… tenía miedo y al ver la sangre me asusté. Sólo deseaba alejarme. Despertarme de aquella pesadilla y que volvieras a ser el chico que me enamoraba por las tardes en las horas muertas que pasábamos en la cafetería.


Se levantó rápidamente del sofá y se dirigió a la ventana, empañada por frío invernal del exterior.


- No tienes ni idea de por lo que pasé.


Me levanté yo también y me acerqué a ella. Quería abrazarla, decirle que siempre estaría a su lado, que no volvería a pasar por nada similar. Rodearle con mis brazos y besarla en la frente, coger su mano y acariciarla. Después le susurraría un te quiero y ella me regalaría una vez más una de sus sonrisas. Acabaríamos en la cama desnudos, cubiertos por una gruesa manta con olor a incienso.


Levantó su brazo, volvió a mirar a través de los cristales y comenzó a deslizar su dedo índice por su superficie gélida.


- No quiero volver a verte.


Un portazo. Me desplomé de rodillas y las lágrimas empezaron a resbalar en una carrera entre ellas por mis mejillas. Lancé el cenicero que me regaló, haciendo añicos su último mensaje, el peor te odio.